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Entrevista con Edmundo Paz Soldán en El País

Dice Edmundo Paz Soldán que le interesa la ciencia ficción como alegoría de la realidad.

Aquí.

Julio Cortázar: Con legítimo orgullo

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Relato dedicado por Cortázar a K., lo cual nos hace pensar, indudablemente, en Kafka. Podría haberlo imaginado el autor checo, sin duda, ya que esa voz que habla en plural y cuestiona sin cuestionar y afirma sin afirmar y acepta sin aceptar está emparentada con algunas voces de las novelas y cuentos del inmortal praguense. El acatamiento a las órdenes impuestas, aunque crueles, a las leyes impuestas, aunque crueles, a las costumbres aceptadas en silencio, aunque crueles, nos remite a las historias kafkianas de esos personajes que siguen adelante aunque temen mucho y entienden poco, débiles y sometidos, alucinados y temerosos pero sin fuerzas apenas para dar un paso fuera de lo marcado, de lo señalado, de lo decidido de antemano. Salir es volverse loco, es dejar de ser lo que se es -¿sirve para algo ser lo que se es cuando no se es nada?-, es quedar desnudo, roto, apartado. Cortázar se interroga y nos interroga de nuevo sobre los límites, lo que nos espera un paso más allá de este …

Julio Cortázar: En nombre de Boby

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El método Cortázar aparece aquí pleno: el relato es pura sugerencia, puro mostrar ocultando lo esencial, pura atmósfera. Algo así como el sistema Hemingway: la mayor parte queda bajo la superficie, y solo vemos lo que puede contarse y puede verse, que en verdad no es lo esencial, no es lo decisivo. El método Cortázar exige que el lector participe, añada sus conocimientos, sus ideas, sus emociones. Si Cortázar lo contara todo, no habría magia ni más emoción que una: la que él nos indicara que deberíamos sentir, para lo que el tono, las palabras y el estilo de las frases actuarían abriendo una dirección y cerrando todas las demás.     Cabe añadir que en este relato, como en muchos otros, no hay un claro elemento fantástico, una inmersión o caída o sobrevuelo por otro mundo, otra realidad mostrada en bruto: así, Cortázar, con su método sustractivo, no miente, no inventa lo que acaso descalificaríamos de un plumazo por ingenuo, demasiado transparente, insensato o excesivamente complej…

Leer a Cortázar

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Porque un día, con cuarenta y seis años, piensas que nunca has leído a Cortázar sino de una manera únicamente literaria, embrujándote con las palabras, los ritmos, las invenciones, pero acaso es el momento de leerlo como lees a Dostoievski, a Camus, a Sartre, a Sábato, a Böll, a Moravia, a Baroja, a Marsé, o sea, creyendo en lo que se te dice, atisbando en los contenidos, tras las escenas, al fondo de los pensamientos de los personajes, y acompañando a estos, siendo su cómplice y no solo un observador. Leer a Cortázar como lees a esos autores con los que meditas sobre el mundo, porque el mundo no es solo esto fácilmente visible, esta costumbre de madrugada seca y medianoche de obligado sueño, este camino de una sola vía, de una sola explicación, de una sola dimensión. No leer a Cortázar como hace años, disfrutando pero desdeñoso con esa realidad otra, distanciado porque Cortázar es para cuando tienes 20 años, porque Cortázar es juego y distracción: leer a Cortázar como leías a los…

Julio Cortázar: Lugar llamado Kindberg

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Empiezo por lo peor: el final demasiado dramático, excesivo, forzado y demasiado tirado a lo simbólico (http://www.abretelibro.com/foro/viewtopic.php?f=5&t=40795), innecesario y que deja un regusto a insistencia sobrecargada, algo poco propio de Cortázar, del mejor Cortázar que sugiere y sugiere, que indica pero no subraya, no deja abierta una sola vía. Y continúo alabando la libertad creativa, la amalgama gloriosa en que los diáloogos, los pensamientos, los deseos, lo real y lo imaginado, todas las personas posibles de la narración son un buque que avanza imparable, un armazón continuo e indestructible, una sola y milagrosa cosa que es sólida y liviana a la vez, densa y maleable, dura y blanda y extensa y recogida como una caricia en un rostro amado y cercano. Cortázar buscó los límites para desafiarlos, para entregarles un grito como a un abismo y un desarrollo y una pureza intocada y lo consiguió casi siempre, pudo presumir de un acierto inigualado, de una verdad poderosa y…

Julio Cortázar: Continuidad de los parques

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Uno de esos relatos que ha influido mucho a algunos autores que viven por y para la literatura, que aman la metaliteratura y el juego de espejos sin fin de la letra y la memoria y la realidad que está más allá de la puerta, del cristal que aísla del mundo exterior, Continuidad de los parques es también un ejercicio cinematográfico, un espejismo enredado y transparente, una irónica visión de las novelas y relatos de amores terribles y asesinatos insoslayables, un juego con mucho sentido, sin principio ni fin, al que se vuelve incesantemente. Ejemplo de relato cortazariano, como muchos otros solo ha tenido una lectura disciplinada al texto, a lo evidente, a lo meramente lúdico superficial que era siempre en Cortázar un anticipo, una vía de inicio, un comienzo, una puerta abierta que invita a seguir más allá y necesita que el impulso no acabe en lo epidérmico, en el punto final del relato que lleve a más literatura para letraheridos, para amantes de lo metaliterario, pues si lo obser…

Julio Cortázar: Botella al mar

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Cortázar amaba a Glenda, pero la mató simbólicamente en un relato. Y Glenda mató a un escritor que escribió un libro titulado Rayuela en una película que Cortázar vio en los Estados Unidos. Así era el mundo de Cortázar, estas conexiones inesperadas surgía por doquier, había avisos, mensajes por descifrar, combinaciones sin cifrar, experimentos irrepetibles, palabras que eran códigos indestructibles.  Qué bien escribía Cortázar cuando era el Cortázar narrador, qué ritmo, qué elección de palabras. Y qué grande era el Cortázar que redactaba cuando era el Cortázar escritor y portavoz directo de sí mismo. Dice, al principio de este bello texto:
las gaviotas que pasan como latigazos de sombra frente a mi ventana
mostrándonos una imagen definida y sugerente, ensoñadora y hermosa.
   Y no me queda sino pensar qué tiempos pasados, qué pérdidas, qué involución padecemos, qué pobreza de lenguaje en la actualidad, qué horizontes ahora cerrados vio Cortázar, qué apuestas tan literarias y valios…

Julio Cortázar: Queremos tanto a Glenda

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Hay una admiración terrible, destructiva: la de aquel que no permite al objeto amado ningún error, a la persona amada ninguna equivocación, ningún desliz, ninguna palabra que emborrone la imagen creada, adorada. Querer tanto, querer demasiado puede impulsar a no aceptar ya al otro, a desear tan solo que se mueva una imagen, un cliché, un sueño imposible. Y no ocurre solo con el que admira a una actriz, sino también con quien ata en corto y abraza de manera abrasiva, con quien no soporta un alejamiento ni siquiera momentáneo. Cuánto sabía Cortázar, cuánto supo decirnos. La admiración que sujeta puede matar, la admiración que fija como una fotografía puede matar, la admiración que estrecha siempre ahoga.     No solo hay en Cortázar reojos, avistamientos parciales, reflejos especulares; también imágenes recogidas gracias a un enérgico azar encadenador, vislumbres tan plenos como un fogonazo en medio de la noche, hachazos de lo inconcreto que lo resuelven todo con la claridad indestru…

Julio Cortázar: Orientación de los gatos

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No puedes tocar a tu pareja, cuando lo haces ella huye, se escapa, se aleja de ti; no puedes mirarla fijamente e interrogarla para saber quién es, porque entonces huye, se escapa, se aleja de ti, se vuelve una extraña a la que no puedes entender, acaso ni siquiera amar. Cada vez que miras a tu amada, ella está más lejos, da otro paso en la dirección que la lleva a distanciarse de ti. Sí, quizá es así cuando interrogas y quieres saber, cuando notas que el cuerpo es superficie y entrada a otro universo que no está ahí para ser mirado, para ser comprendido. También yo he sentido esto que cuenta Cortázar en Orientación de los gatos, he acechado en vano y he percibido que cuanto más me acercaba, más lejos estaba, menos acertaba a comprender y a asimilar, como si hubiera un límite marcado, una zanja insalvable para mi salto y un camino imposible para mis pisadas. Es tan honda la distancia que hay entre dos que se aman, entre dos que se comprenden, que viven juntos y no tienen nada que o…

Julio Cortázar: Vientos alisios

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Cuento de amor y de finitud, como todo cuento de amor trágico que se precie, Vientos alisios es otro juego, o la imposibilidad de otro juego, es el cansancio y la pérdida, la incapacidad para renovarse o para admitir el conformismo, sea como sea que lo mires.     Si ya no sabes ser otro, vives del cálido viento del pasado, y en la pérdida del placer nuevo sufres infinitamente. Si ya no sabes ser otro, no eres capaz de mirar sorprendido a quien te ama, no eres capaz de valorar los infinitesimales cambios -que sí existen- en la persona amada y entender que siempre es un progreso el amor.     Y si te hundes en ti no ves al otro sino desdibujado bajo la rutina, si no fuerzas con sentimiento la mirada no ves al otro sino anclado en las mismas arrugas y en los mismos gestos... ya tan tediosos. Y si te decides a acabar contigo no ves en el otro sino a la imagen exacta de tu fracaso, de tu decepción, de tu despeño en lo imposible y lo indetectable. Y si es así, el viento cálido se enfría …

Julio Cortázar: Carta a una señorita en París

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Ah, la calle Suipacha, esa que dio nombre a la tertulia que fundamos José Luis Campos Duaso, Juan Herrezuelo y el que suscribe, y por la que pasaron Miguel Ángel Muñoz, Ana Fernández Hagen, Carlos Espinar, Antonia Moreno Cañete, Jacinto Castillo... 
   Juan Herrezuelo recitaba fragmentos de este relato, uno de los primeros de los que me habló cuando me narraba su fascinación por el universo Cortázar. Aún recuerdo su voz, aún recuerdo los énfasis en su voz, las modulaciones de su voz impresionada. 
   Cortázar cuenta de manera poética y con un sentimentalismo auténtico y transparente una historia imposible: alguien vomita conejitos. Y se vale de un prosa en estado de permanente gracia, alumbradora de imágenes sin igual, de aciertos incontenibles cuando nos habla de una casa y del orden de los objetos, de lo que se levanta dentro del viajero que hace una maleta, de lo que se se siente cuando un animalito peludo y agradecido y tierno se mueve en la palma de tu mano. 
   Claro que sí:…

Julio Cortázar: Final del juego

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Hubo una época en la que leíamos libros juveniles, y probamos con Los cinco y otros de parecida temática; con las Joyas Literarias ilustradas, que eran aquellos tebeos que adaptaban al formato del cómic las grandes obras de la literatura; con las películas del sábado a media tarde en la única cadena que existía entonces: probamos y soñamos y descubrimos que la imaginación era nuestra mejor aliada. Los que éramos niños no nos acercábamos a las historias de niñas, o sea, Mujercitas y esas cosas, porque no nos atraían y porque no queríamos entretenernos con historias blandengues. Costaba dejar la espada de madera y entrar en un mundo de cocinas, chicas adolescentes, aventuras limitadas y faldas quietas. Éramos los niños del final de un largo y triste período gris. Por eso, vimos solo de reojo las historias protagonizadas por chicas, cómo no, pequeños machistas imbuidos de ideas hondamente machistas.     Releyendo Final del juego veo que Cortázar fue más inteligente que nosotros, pose…

Julio Cortázar: El ídolo de las Cícladas

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La locura que se contagia, que afecta al más cuerdo, al que no tiene duda de qué es lo real, de qué es la realidad, como de lo que es el mar, el aire, la caída al vacío y que hay que evitarla, eludirla, no pensarla, no creerla ni crearla. Un ídolo que capta y embelesa, eso tan loco. Y dos personajes que tendrán que matarse o ser matados.     Argumento que ya hemos visto por culpa del cine, del mal cine acaso, de los guiones en los que prevalece el deseo de sorprender a toda costa, de emocionar mediante el susto, de crear emociones fuertes aunque la lógica haya de salir, loca, por la ventana. Pero que para Cortázar es comunicación con lo ya acabado, lo ya vivido, lo enterrado y dado por muerto, lo que tiene la capacidad de mutarse o de mutarte, pese al instinto del cuerdo, del equilibrado e inteligente, tan alejado del que ya no sabe qué es lo que lo ata a lo común y comunicable.     Solo en Cortázar no hay exageración y el juego es espejo del símbolo que es un espejo que no deslum…

Julio Cortázar: Los buenos servicios

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Sirviéndose de tradicionales elementos de la literatura social y crítica, administrando tan magistralmente como siempre la información de lo que se ha de contar para que nunca deje de existir una zona de penumbra gloriosa, adaptándose sin esfuerzo a la psicología de una vieja criada, Cortázar intervino en otra historia rara, particular, sin explicaciones, y emotiva, contradictoria, entregada al claroscuro: invitando al lector de nuevo a participar, a preguntarse y apuntar una respuesta, porque si no la vieja criada quedará sola, lejos de nosotros, incomprendida.     Frente a tanto relato y tanta novela explicativos, Cortázar intervenía como entre bambalinas, haciéndose notar poco y con mucho respeto por lo contado, por lo narrado y los narrados, compañero y camarada y amigo, nunca ejecutante, nunca falso traductor de lo dicho, nunca espía ni simulador en voz baja o declamador en malísima voz alta, nunca demiurgo, sino cómplice, entendedlo, el que aparece y se desliza y juega, no r…

Julio Cortázar: Reunión con un círculo rojo

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A Cortázar le gustaba cambiar, le gustaba indagar, mover la perspectiva, trastocarla: no escribía en horizontal, como todos, sino de otras muchas maneras, de todas las maneras posibles. Formaba parte del juego, claro, pero también de la búsqueda, la incesante búsqueda que lo hizo libre y a sus textos siempre nuevos, inmediatos, vivos. Reunión con un círculo rojo tiene mucho misterio, provoca sensaciones punzantes, no deja indiferente gracias a la elección del punto de vista inesperado, que rompe con la horizontalidad, lo conocido, lo vulgar y esperable: esa voz que susurra mientras ocurre lo que esperabas es un logro de autor, claro, y no menos un acierto de quien se atreve y se arriesga, se esfuerza para contar desde donde antes nadie lo hizo, como nadie antes se lo planteó: y desemboca en un relato de miedo, un relato que te arranca un escalofrío real si sigues con atención lo que se muestra ante tus ojos, si comprendes que hay más y que a veces lo que aguarda no se entretiene c…

Julio Cortázar: La noche boca arriba

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Uno de los mejores cuentos de Cortázar, uno de los más celebrados y recordados, muy justamente: como en Axolotl, hay un viaje de uno a otro, de otro a uno, siendo dos o siendo solo uno, he ahí la confusión, el ser y el perderse siendo, el no encontrarse aunque se sabe que se ha sido. Nada es seguro, la ciencia lo sabe: incluso lo que vemos es solo una interpretación, una acomodación, un velo tras el que hay lo que no vemos y lo que no conseguimos ver y lo que no debemos ver: así, nuestra conciencia tampoco es fiable, además de nuestros ojos, nos dice Cortázar en este cuento, y el que es puede haberse ido sin decir adiós dejándonos en este que acaso no tenemos más remedio que ser. Y quien tenga certeza de que su realidad es la se presenta ante su análisis cabal, que abra de nuevo los ojos y el ojo de la mente, porque nada sabemos que nos aparte de verdades incómodas, de reojos más ciertos que miradas frontales, de intuiciones más agudas que ensayos científicos superados con éxito y…

Julio Cortázar: Relato con un fondo de agua

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Julio Cortázar leyó con gran placer a Poe, incluso tradujo algunos de sus textos al español. En Relato con un fondo de agua está Poe, el Poe de lo terrible e inevitable, el Poe del terror y del destino insalvable: vendrá la muerte y no podrás evitarla, vendrá la muerte y serás tú, tras su encuentro con ella, la muerte. No me gusta tanto este relato como otros de Cortázar porque parece una adaptación, una acomodación a un mundo no tan suyo, no tan propio: homenaje y muchas frases de las que te paras a releer con ganas, para saborear porque tiene olor a genialidad y a acierto vital inapelable -la entrada de la semana anterior, con un breve fragmento de este mismo relato-, pero también un fatalismo excesivamente literario, con esa voz que cuenta algo impostada y algo fatua, henchida de gloria por sí misma y para sí misma, no acicate sino consumación: es el Cortázar que no deja soñar, sin oque impone un sueño. Y, pese a todo, es tan fácil que la historia se ancle a tu memoria, te obs…

Julio Cortázar: La juventud, la edad

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Sabés, lo terrible de ese momento de la juventud es que en una hora oscura y sin nombre todo deja de ser serio para ceder a la sucia máscara de seriedad que hay que ponerse en la cara, y yo ahora soy el doctor fulano, y vos el ingeniero mengano, bruscamente nos hemos quedado atrás, empezamos a vernos de otro modo aunque por un tiempo persistamos en los rituales, en los juegos comunes, en las cenas de camaradería que tiran sus últimos salvavidas en medio de la dispersión y el abandono, y todo es tan horriblemente natural, Mauricio, y a algunos les duele más que a otros, los hay como vos que van pasando por sus edades sin sentirlo, que encuentran normal un álbum donde uno se ve con pantalones cortos, con un sombrero de paja o el uniforme de conscripto...

   (Julio Cortázar: Relato con un fondo de agua)

Julio Cortázar: Axolotl

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   Axolotl es uno de esos relatos que solo Julio Cortázar podía escribir. Un hombre mira a un pez en un acuario con tanta intensidad y tanta asiduidad que un día acaba por sentir que su consciencia se altera y se convierte en el axolotl, en el pez al que miraba con tanto arrobo y tanta oscura lucidez. Nos interroga Cortázar sobre nuestra concepción del mundo, tan inamovible pese a saber tan poco de quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos. Cuestiona nuestra racionalidad mediante un juego en apariencia inofensivo, pero duramente crítico: en nuestra época, tan apegada a lo puramente lógico, ¿la fantasía solo es un ejercicio lúdico, o acaso puede salvarnos? ¿Salvarnos de qué?, os preguntaréis. De la ciencia, contesto yo. Pues si hubo una edad para la superstición -la primera-, en que todo era mágico, desconocido e inescrutable -por lo tanto, producto de la imaginación de los dioses-; si hubo una edad para la religión -la segunda-, en que todo era pecado, restricción y miedo a la c…

Julio Cortázar: Las ménades

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Lo que en manos de otro sería una sandez, en las de Cortázar deviene símbolo y descubrimiento y afortunada y libre meditación implacable. Buen ejemplo es este relato en el que, partiendo de una imagen entre grotesca y surrealista -el público se lanza al escenario a comerse a los artistas-, Cortázar nos lleva a plantearnos qué es la admiración, qué es el arrobo, qué es la pasión quieta del admirador, qué es una multitud enfervorecida. Sirvas de imagen la de la escena final, con alguien relamiéndose; sirva de descubrimiento la atmósfera del lugar y cómo se usan las metáforas marinas para narrar el avance y destrucción que acomete al/el público; sirva de libre meditación implacable el relato entero, que nos acerca al interior de la pasión admirativa desatada, al deseo de destrucción que puede haber en toda multitud.     Muy, muy literario, muy, muy surrealista, Las ménades es símbolo y relato con las características propias del universo Cortázar, ese en el que la realidad es fina com…

Julio Cortázar: Las fases de Severo

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Excelso relato, imposible de superar, que con cuatro o cinco ingredientes tan sólo crea todo un mundo fascinante y sagaz, de interpretaciones varias, gracias a su medidísima información y a su destilado de emociones fundamental. Adivinación y miedo, juego vano e ineluctable, la profecía es algo a lo que nadie puede sustraerse, negarle poder y sustancia, aunque se sea descreído o vanidoso, y Cortázar lo cuenta maravillosamente con su estilo de palabras de perfil y miradas de reojo, donde lo de dentro es transparente y lo de fuera tan opaco y misterioso. Si la literatura nunca morirá, relatos como este estarán siempre en su base más firme, en su verdad más pura, en su hondura más tersa y frágil, como la luz primera de la mañana que entra por la ventana y viene a nuestro encuentro en la estancia donde esperamos rumorosos y alertas a que todo se cumpla.

Extraterrestres, de Javier Gómez-Elvira y Daniel Martín Mayorga

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El consenso científico actual contempla el fenómeno de la vida como una consecuencia necesaria de la evolución química del universo. De esta hipótesis se puede inferir una conclusión tan evidente como turbadora: la forma de vida que conocemos y a la que pertenecemos no puede ser única en el cosmos. Así, la ciencia nos permite -casi se diría: exige- creer en los extraterrestres. Pero esa misma ciencia que nos da la alternativa de creer frena el entusiasmo: aunque estén ahí, ¿cómo acceder a ellos si las distancias son inabordables, incluso para la velocidad de la luz? En este libro, además de explicar cuestiones seminales como qué es la vida, cómo surgió en el planeta Tierra y si la hay o ha habido en otros lugares del cosmos, se describen los nuevos retos de la exploración espacial, el descubrimiento incesante de planetas extrasolares y los intentos -a medio camino entre lo científico y lo novelesco- de tomar contacto con inteligencias exteriores a través del envío o recepción de m…

Cortázar: Ómnibus

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Deudor evidente del surrealismo y del mundo de Kafka, este relato enfrenta a dos personas normales con una situación extraordinaria y desconcertante dentro de un ómnibus con destino a un cementerio. Extrañeza, miedo, congoja dominan a dos personas que no saben si al subir al ómnibus han entrado en otra realidad -o han salido de la común realidad- y verse entre otras personas que portan unos ramos de flores y que los acosan con la mirada porque ellos viajan con las manos vacías. ¿Son acaso muertos estos que habitan en el ómnibus rodante? ¿Son fantasmas que desaparecerán cuando las dos personas normales asuman que es solo un extravío de la imaginación, una breve brecha en lo común de la realidad? Cuando al fin se bajan del autobús, contaminados por la presencia de los desconocidos con flores, en lugar de huir y olvidar el incidente, buscan y compran flores, quizá porque solo remedando la actitud ajena pueden sentirse de nuevo ellos mismos, o quizá porque ya han dejado de ser para si…

Julio Cortázar: Cambio de luces

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Teñido de una gran melancolía, este relato nos cuenta la historia de dos personas que no han sabido amarse, que no han sabido hablarse, que no han sabido acomodarse al otro, estar en el otro, ser con el otro. Ambos han soñado que el otro es diferente y se esfuerzan en amoldar al otro a lo que esperan de él, a como imaginan que debe ser, a como anhelan que sea. Es un cuento de amor y de desamor en el que la tristeza lo impregna todo, hasta los momentos alegres, que solo son una pausa entre dos tristezas. Realista, transparente, inquietante solo en la imaginación del lector y nunca en el texto, es uno más de esos relatos de Cortázar que gusta releer apenas has leído la última línea, porque tienes la sensación de que algo te has perdido, tiene que haber detalles que te has saltado, palabras con doble sentido o imágenes interpretadas erróneamente. Sin embargo, no hay manera de borrar esa tristeza, esa pequeña frustración que te invade cuando comprendes que no hay más, que ese algo bus…

Julio Cortázar: Silvia

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Los relatos de Cortázar están plagados de misterios, lo que posibilita mil interpretaciones. Buen ejemplo de esto es Silvia. En este relato, Cortázar retoma el tema del fantasma, tan común en la literatura fantástica, para crear a un personaje que solo los niños ven. Pero también un adulto, el narrador, que ha conservado algo de la visión propia de la primera infancia, cuando realidad y sueños son una misma cosa. Los demás adultos no ven a Silvia, no creen en ella, y consideran su existencia algo desdeñable y lerdo, simple como simple creen el mundo de los niños.     Si Cortázar no explica es porque quiere que el lector participe, lee el cuento a su manera, no a una única manera cortazariana -la impuesta por el autor-: así, habrá quien vea en este relato una simple puesta en escena realista sin más y quien vea una puerta abierta a la otra realidad. Si elegimos esta vía, llegaremos a preguntarnos quién es Silvia, si en verdad los niños y el adulto narrador la ven. Pero eso no impor…

Julio Cortázar: Después del almuerzo

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No es fácil mostrar lo que sabemos que, tras una mirada intensa, resultará desagradable. Las deformidades, en nuestra sociedad entregada a lo superficial y lo bello a simple vista, son sancionadas con el desprecio y el rechazo. Parece que cada vez la gente es más guapa -hay menos orejas separadas de la cabeza dramáticamente, al estilo campesino; menos entrecejos como cuerpos de ciempiés; menos taras de nacimiento- y no es menos cierto que cada vez se arregla más y cuida más su aspecto. Sociedad rica la nuestra, que obliga a ocultar y a solo mostrar lo que a nadie extraña.     En este relato hay un chico que sale con un ser que tiene una deformidad que repugna si te fijas un momento. Y, como está cansado de sacarlo a pasear -no importa que el otro sea su hermano-, planea abandonarlo lejos de casa. Quién sabe si los propios padres no sentirán alivio, piensa, semejante al que él experimenta durante los minutos en que lleva a cabo su acto despreciable alejándose del ser indefenso y de…

Julio Cortázar: Bestiario

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Obligada al incesto o sometida al menos al acoso de su hermano se encuentra una mujer que, vista por una pequeña pariente que la visita durante un verano, sufre en una casa a la que Cortázar se acerca de la mano de la pequeña visitante que al principio no comprende y que, cuando comprende, actúa resolutivamente, como no podía esperarse menos frente a un escenario opresivo y ahogado por lo que ya no es ni será nunca otra vez felicidad -todo lo más, alivio y olvido.    El tema es claro, aunque no se lo remarque con grandes letras deslumbrantes -en lo sugerido se sustentan siempre los mejores relatos cortazarianos-, y el simbolismo claro afecta a todos y cada uno de los elementos que integran el relato: hormigas presas, un insecto verde y capaz de matar al macho durante la cópula, los escenarios cercanos a la casa, el tigre que vaga libre como el odio y mata con seguridad como la más despiadada de las enfermedades. La niña visitante, que solo estará allí un breve tiempo, será quien a…

Julio Cortázar: Siestas

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La manera tan personal de narrar, la manera única y tan envolvente de narrar del Cortázar dueño de un mundo propio y una forma de mirar diferente y más profunda late en todo este cuento. No se puede contar mejor el trasvase de la realidad al sueño, la confusión realidad/sueño. Es un todo homogéneo y acechante, sombras que no son sombras y personas que son personas y palabras y una amalgama de gestos y de palabras que confunden, hieren y amenazan. Las láminas crean otra vida real y son vida real más allá de lo que proponen, que se vierte en la realidad oculta de caricias y de descubrimientos del cuerpo y del placer, hasta que agobian y mutan y anulan la vida real, que es solo un adminículo de lo soñado y lo imaginado.     Cortázar pleno en un relato no tan comentado ni celebrado, pero no un relato menor, no un tanteo. Y un relato valiente, poderoso de realidad de adolescentes y de tías fisgonas y castradoras, innegable retrato de personas conocidas, ejemplo de un tiempo y una educa…

Julio Cortázar: Manuscrito hallado en un bolsillo

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Este es el Julio Cortázar del juego, el que tanto se deja ver en Rayuela, el que no se conforma y busca nuevos senderos misteriosos en la vida cotidiana que limpien los ojos de la tierra conocida. Es el Cortázar lúdico y no por eso menos auténtico, aunque nos guste menos en la historia y siga fascinándonos en la manera de contar, de dejar en suspenso una frase, de sugerir hurtando verbos y acciones.     Seguir el juego cortazariano quizá cueste cuando ya no se tienen veinte años, cuando tanta miseria nos ha llenado de gris la mirada, cuando el paisaje de afuera se presta tan poco al juego y a lo inocente y a unas reglas inventadas solo por uno mismo, pero todo eso también es un síntoma, debe servir para provocarnos y desear modificar algo, por pequeño y fácilmente juguetón que pueda parecernos. Como en todos sus relatos, Cortázar nunca cesó de servirnos pistas para ser más libres y más alegres.

H. G. Wells: La máquina del tiempo

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Incomprensiblemente recluida en las colecciones de literatura juvenil de varias editoriales, esta sabia e inmortal novela sigue siendo un relato muy bien escrito, muy bien adjetivado y plenamente vigente, una gran puerta abierta a la imaginación y a la aventura pero también a la especulación sensata y luminosa y un gran ejemplo de mágica creatividad y firme apuesta por la idea y la concreción de esta -eso que mal llamamos en ocasiones política- en una historia impecablemente urdida y contada con las mejores armas de que dispone la literatura llamada a no desaparecer jamás.     Emociona el relato del viajero en el tiempo, su relación con la pequeña amiga del futuro que le entrega amor porque sí, la percepción de su soledad horrible y devastadora, y emociona también encontrarse con la llama inextinguible del autor clásico que lo apuesta todo a una bella historia, única y diferente, arriesgada y lúcida, que nos presenta con una prosa sin alardes pero muy cuidadosamente esbozada, plena d…

Chronicle, de Josh Trank

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Esta es la película más adulta -¿la única?- de superhéroes que he visto, la más realista, la menos simple y menos propensa a resolverlo todo con escenas de acción adrenalínicas, a la postre gratuitas. Es como si le hubieran dado un guión normalucho a un gran escritor y le hubieran dicho: Haz lo que te dé la gana con él. Y lo que vemos en la pantalla es un filme libre, con apuntes psicoanáliticos, con rabia y mucha, mucha contundencia dentro. El planteamiento es estupendo: unos adolescentes -poco más jóvenes que Peter Parker- adquieren unos superpoderes por casualidad y en ningún momento se plantean ponerlos a disposición del bien, de los necesitados, de los humillados ni los vencidos. Algo lógico, porque son unos adolescentes del siglo XXI. Traviesos, juguetones, hedonistas, se dedican a pasárselo bien, a experimentar, a descubrir, a gozar volando, moviendo cosas con la mente, viendo desde muy arriba el mundo por el que hasta hace poco han estado arrastrándose. Hasta que el exceso de…

Julio Cortázar y el realismo fantástico

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La máquina del tiempo, de Simon Wells

Centrada más en la aventura y en el romance entre el viajero del tiempo y una habitante del futuro, esta versión del clásico de H. G. Wells entretiene pero no activa la imaginación ni muestra el compromiso del gran escritor con el socialismo utópico, ya que la visión del director es demasiado superficial. La banda sonora, de Klaus Badelt, es vibrante y sensible, fácil de escuchar y algo típica, pero meritoria. La mejor escena tiene lugar cuando el protagonista pierde a su amada -ah, cómo no recordar aquí ese pequeño gran clásico que es Regreso al futuro, así como la divertida e involvidable Atrapado en el tiempo-; la peor es la persecución por los túneles, con esas criaturas tan rápidas y lerdas que no atrapan a los seres humanos lentos y pequeños incomprensiblemente.

Crueldad

¿Qué hacer si la crueldad se había convertido en una pasión común?

   Herbert George Wells. La maquina del tiempo (Traducción de Nellie Manso de Zúñiga)

Jorge Luis Borges: Historia universal de la infamia

Del relato El proveedor de iniquidades Monk Eastman:


   Perfilados bien por un fondo de paredes celestes o de cielo alto, dos compadritos envainados en seria ropa negra bailan sobre zapatos de mujer un baile gravísimo, que es el de los cuchillos parejos, hasta que de una oreja salta un clavel porque el cuchillo ha entrado en un hombre, que cierra con su muerte horizontal el baile sin música.