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Mostrando entradas de mayo, 2014

Julio Cortázar: La juventud, la edad

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Sabés, lo terrible de ese momento de la juventud es que en una hora oscura y sin nombre todo deja de ser serio para ceder a la sucia máscara de seriedad que hay que ponerse en la cara, y yo ahora soy el doctor fulano, y vos el ingeniero mengano, bruscamente nos hemos quedado atrás, empezamos a vernos de otro modo aunque por un tiempo persistamos en los rituales, en los juegos comunes, en las cenas de camaradería que tiran sus últimos salvavidas en medio de la dispersión y el abandono, y todo es tan horriblemente natural, Mauricio, y a algunos les duele más que a otros, los hay como vos que van pasando por sus edades sin sentirlo, que encuentran normal un álbum donde uno se ve con pantalones cortos, con un sombrero de paja o el uniforme de conscripto...

   (Julio Cortázar: Relato con un fondo de agua)

Julio Cortázar: Axolotl

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   Axolotl es uno de esos relatos que solo Julio Cortázar podía escribir. Un hombre mira a un pez en un acuario con tanta intensidad y tanta asiduidad que un día acaba por sentir que su consciencia se altera y se convierte en el axolotl, en el pez al que miraba con tanto arrobo y tanta oscura lucidez. Nos interroga Cortázar sobre nuestra concepción del mundo, tan inamovible pese a saber tan poco de quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos. Cuestiona nuestra racionalidad mediante un juego en apariencia inofensivo, pero duramente crítico: en nuestra época, tan apegada a lo puramente lógico, ¿la fantasía solo es un ejercicio lúdico, o acaso puede salvarnos? ¿Salvarnos de qué?, os preguntaréis. De la ciencia, contesto yo. Pues si hubo una edad para la superstición -la primera-, en que todo era mágico, desconocido e inescrutable -por lo tanto, producto de la imaginación de los dioses-; si hubo una edad para la religión -la segunda-, en que todo era pecado, restricción y miedo a la c…

Julio Cortázar: Las ménades

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Lo que en manos de otro sería una sandez, en las de Cortázar deviene símbolo y descubrimiento y afortunada y libre meditación implacable. Buen ejemplo es este relato en el que, partiendo de una imagen entre grotesca y surrealista -el público se lanza al escenario a comerse a los artistas-, Cortázar nos lleva a plantearnos qué es la admiración, qué es el arrobo, qué es la pasión quieta del admirador, qué es una multitud enfervorecida. Sirvas de imagen la de la escena final, con alguien relamiéndose; sirva de descubrimiento la atmósfera del lugar y cómo se usan las metáforas marinas para narrar el avance y destrucción que acomete al/el público; sirva de libre meditación implacable el relato entero, que nos acerca al interior de la pasión admirativa desatada, al deseo de destrucción que puede haber en toda multitud.     Muy, muy literario, muy, muy surrealista, Las ménades es símbolo y relato con las características propias del universo Cortázar, ese en el que la realidad es fina com…

Julio Cortázar: Las fases de Severo

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Excelso relato, imposible de superar, que con cuatro o cinco ingredientes tan sólo crea todo un mundo fascinante y sagaz, de interpretaciones varias, gracias a su medidísima información y a su destilado de emociones fundamental. Adivinación y miedo, juego vano e ineluctable, la profecía es algo a lo que nadie puede sustraerse, negarle poder y sustancia, aunque se sea descreído o vanidoso, y Cortázar lo cuenta maravillosamente con su estilo de palabras de perfil y miradas de reojo, donde lo de dentro es transparente y lo de fuera tan opaco y misterioso. Si la literatura nunca morirá, relatos como este estarán siempre en su base más firme, en su verdad más pura, en su hondura más tersa y frágil, como la luz primera de la mañana que entra por la ventana y viene a nuestro encuentro en la estancia donde esperamos rumorosos y alertas a que todo se cumpla.