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Mostrando entradas de julio, 2014

Julio Cortázar: Orientación de los gatos

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No puedes tocar a tu pareja, cuando lo haces ella huye, se escapa, se aleja de ti; no puedes mirarla fijamente e interrogarla para saber quién es, porque entonces huye, se escapa, se aleja de ti, se vuelve una extraña a la que no puedes entender, acaso ni siquiera amar. Cada vez que miras a tu amada, ella está más lejos, da otro paso en la dirección que la lleva a distanciarse de ti. Sí, quizá es así cuando interrogas y quieres saber, cuando notas que el cuerpo es superficie y entrada a otro universo que no está ahí para ser mirado, para ser comprendido. También yo he sentido esto que cuenta Cortázar en Orientación de los gatos, he acechado en vano y he percibido que cuanto más me acercaba, más lejos estaba, menos acertaba a comprender y a asimilar, como si hubiera un límite marcado, una zanja insalvable para mi salto y un camino imposible para mis pisadas. Es tan honda la distancia que hay entre dos que se aman, entre dos que se comprenden, que viven juntos y no tienen nada que o…

Julio Cortázar: Vientos alisios

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Cuento de amor y de finitud, como todo cuento de amor trágico que se precie, Vientos alisios es otro juego, o la imposibilidad de otro juego, es el cansancio y la pérdida, la incapacidad para renovarse o para admitir el conformismo, sea como sea que lo mires.     Si ya no sabes ser otro, vives del cálido viento del pasado, y en la pérdida del placer nuevo sufres infinitamente. Si ya no sabes ser otro, no eres capaz de mirar sorprendido a quien te ama, no eres capaz de valorar los infinitesimales cambios -que sí existen- en la persona amada y entender que siempre es un progreso el amor.     Y si te hundes en ti no ves al otro sino desdibujado bajo la rutina, si no fuerzas con sentimiento la mirada no ves al otro sino anclado en las mismas arrugas y en los mismos gestos... ya tan tediosos. Y si te decides a acabar contigo no ves en el otro sino a la imagen exacta de tu fracaso, de tu decepción, de tu despeño en lo imposible y lo indetectable. Y si es así, el viento cálido se enfría …

Julio Cortázar: Carta a una señorita en París

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Ah, la calle Suipacha, esa que dio nombre a la tertulia que fundamos José Luis Campos Duaso, Juan Herrezuelo y el que suscribe, y por la que pasaron Miguel Ángel Muñoz, Ana Fernández Hagen, Carlos Espinar, Antonia Moreno Cañete, Jacinto Castillo... 
   Juan Herrezuelo recitaba fragmentos de este relato, uno de los primeros de los que me habló cuando me narraba su fascinación por el universo Cortázar. Aún recuerdo su voz, aún recuerdo los énfasis en su voz, las modulaciones de su voz impresionada. 
   Cortázar cuenta de manera poética y con un sentimentalismo auténtico y transparente una historia imposible: alguien vomita conejitos. Y se vale de un prosa en estado de permanente gracia, alumbradora de imágenes sin igual, de aciertos incontenibles cuando nos habla de una casa y del orden de los objetos, de lo que se levanta dentro del viajero que hace una maleta, de lo que se se siente cuando un animalito peludo y agradecido y tierno se mueve en la palma de tu mano. 
   Claro que sí:…

Julio Cortázar: Final del juego

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Hubo una época en la que leíamos libros juveniles, y probamos con Los cinco y otros de parecida temática; con las Joyas Literarias ilustradas, que eran aquellos tebeos que adaptaban al formato del cómic las grandes obras de la literatura; con las películas del sábado a media tarde en la única cadena que existía entonces: probamos y soñamos y descubrimos que la imaginación era nuestra mejor aliada. Los que éramos niños no nos acercábamos a las historias de niñas, o sea, Mujercitas y esas cosas, porque no nos atraían y porque no queríamos entretenernos con historias blandengues. Costaba dejar la espada de madera y entrar en un mundo de cocinas, chicas adolescentes, aventuras limitadas y faldas quietas. Éramos los niños del final de un largo y triste período gris. Por eso, vimos solo de reojo las historias protagonizadas por chicas, cómo no, pequeños machistas imbuidos de ideas hondamente machistas.     Releyendo Final del juego veo que Cortázar fue más inteligente que nosotros, pose…