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Mostrando entradas de agosto, 2014

Julio Cortázar: Lugar llamado Kindberg

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Empiezo por lo peor: el final demasiado dramático, excesivo, forzado y demasiado tirado a lo simbólico (http://www.abretelibro.com/foro/viewtopic.php?f=5&t=40795), innecesario y que deja un regusto a insistencia sobrecargada, algo poco propio de Cortázar, del mejor Cortázar que sugiere y sugiere, que indica pero no subraya, no deja abierta una sola vía. Y continúo alabando la libertad creativa, la amalgama gloriosa en que los diáloogos, los pensamientos, los deseos, lo real y lo imaginado, todas las personas posibles de la narración son un buque que avanza imparable, un armazón continuo e indestructible, una sola y milagrosa cosa que es sólida y liviana a la vez, densa y maleable, dura y blanda y extensa y recogida como una caricia en un rostro amado y cercano. Cortázar buscó los límites para desafiarlos, para entregarles un grito como a un abismo y un desarrollo y una pureza intocada y lo consiguió casi siempre, pudo presumir de un acierto inigualado, de una verdad poderosa y…

Julio Cortázar: Continuidad de los parques

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Uno de esos relatos que ha influido mucho a algunos autores que viven por y para la literatura, que aman la metaliteratura y el juego de espejos sin fin de la letra y la memoria y la realidad que está más allá de la puerta, del cristal que aísla del mundo exterior, Continuidad de los parques es también un ejercicio cinematográfico, un espejismo enredado y transparente, una irónica visión de las novelas y relatos de amores terribles y asesinatos insoslayables, un juego con mucho sentido, sin principio ni fin, al que se vuelve incesantemente. Ejemplo de relato cortazariano, como muchos otros solo ha tenido una lectura disciplinada al texto, a lo evidente, a lo meramente lúdico superficial que era siempre en Cortázar un anticipo, una vía de inicio, un comienzo, una puerta abierta que invita a seguir más allá y necesita que el impulso no acabe en lo epidérmico, en el punto final del relato que lleve a más literatura para letraheridos, para amantes de lo metaliterario, pues si lo obser…

Julio Cortázar: Botella al mar

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Cortázar amaba a Glenda, pero la mató simbólicamente en un relato. Y Glenda mató a un escritor que escribió un libro titulado Rayuela en una película que Cortázar vio en los Estados Unidos. Así era el mundo de Cortázar, estas conexiones inesperadas surgía por doquier, había avisos, mensajes por descifrar, combinaciones sin cifrar, experimentos irrepetibles, palabras que eran códigos indestructibles.  Qué bien escribía Cortázar cuando era el Cortázar narrador, qué ritmo, qué elección de palabras. Y qué grande era el Cortázar que redactaba cuando era el Cortázar escritor y portavoz directo de sí mismo. Dice, al principio de este bello texto:
las gaviotas que pasan como latigazos de sombra frente a mi ventana
mostrándonos una imagen definida y sugerente, ensoñadora y hermosa.
   Y no me queda sino pensar qué tiempos pasados, qué pérdidas, qué involución padecemos, qué pobreza de lenguaje en la actualidad, qué horizontes ahora cerrados vio Cortázar, qué apuestas tan literarias y valios…

Julio Cortázar: Queremos tanto a Glenda

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Hay una admiración terrible, destructiva: la de aquel que no permite al objeto amado ningún error, a la persona amada ninguna equivocación, ningún desliz, ninguna palabra que emborrone la imagen creada, adorada. Querer tanto, querer demasiado puede impulsar a no aceptar ya al otro, a desear tan solo que se mueva una imagen, un cliché, un sueño imposible. Y no ocurre solo con el que admira a una actriz, sino también con quien ata en corto y abraza de manera abrasiva, con quien no soporta un alejamiento ni siquiera momentáneo. Cuánto sabía Cortázar, cuánto supo decirnos. La admiración que sujeta puede matar, la admiración que fija como una fotografía puede matar, la admiración que estrecha siempre ahoga.     No solo hay en Cortázar reojos, avistamientos parciales, reflejos especulares; también imágenes recogidas gracias a un enérgico azar encadenador, vislumbres tan plenos como un fogonazo en medio de la noche, hachazos de lo inconcreto que lo resuelven todo con la claridad indestru…