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Mostrando entradas de 2016

Dorothy M: Johnson: Indian Country: El incrédulo

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¡Claro que aún quedan historias por contar! Historias que saben a nuevas, que acaso son nuevas. Es el caso de esta, en la que se narra cómo un blanco que vivió con los indios crows durante cinco años vuelve al poblado donde dejó a una mujer y a un hijo y a muchos amigos que lo respetaban y lo añoran. Como buen hombre blanco, no cree en la magia india, no cree en los espíritus, no cree en los mensajes de los pájaros. Ha regresado incrédulo y altivo, convencido de que solo lo aceptarán de nuevo si se muestra superior y poderoso. Pero lo aguarda la negrura de una enfermedad y una sorpresa que nunca hubiera imaginado. Johnson demuestra ser una escritora imprescindible con un relato tan perfecto como este.

George R. R. Martin: Choque de reyes: Voz interior

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Mejora mucho el interés de la novela que haya más pensamientos de los personajes en el texto, pues son un complemento perfecto a lo que está ocurriendo y centran aún más la perspectiva en el personaje que protagoniza el fragmento. Con Cressen es esencial, pues sin sus pensamiento no entenderíamos bien sus acciones ni tendríamos ante nuestros ojos la emoción que rige todo el capítulo hasta su desenlace duro, muy propio de Martin. Con estas meditaciones, muy bien dosificadas y muy reveladoras siempre, la novela gana en enjundia y en realismo, es más completa y más viva, pues a la narración en pretérito le sientan muy bien esos pensamientos sobre la marcha. Martin crece como narrador, su novela es mejor y más emotiva aún que la primera del ciclo. La última frase ("ojos rojos rojos rojos") de la primera secuencia es absolutamente genial.

George R. R. Martin: Choque de reyes: Dentro del personaje

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Sin duda, la capacidad de Martin para meterse en la piel de otro es de lo mejor de sus novelas. Con gran acierto y suma sencillez entra dentro de un personaje mayor, de un niño, de un rey y narra con su punto de vista sin falsear ni mostrarse soberbio: se pone en el lugar de otro casi como si de verdad fuera ese otro y no exhibe su poder para lucirse vanamente, ya que busca una sincera empatía que le llega al lector intacta de manera sutil y afectuosa, pues no está utilizando a los personajes, sino que se nota que quiere a sus personajes. Esto, que no es nada habitual pese a que existan tantos escritores en nuestro ancho mundo, lo acerca a la categoría más alta que en literatura puede hallarse y hace de él un maestro. Donde tantos fracasan llevando de la mano a sus personajes, imponiéndoles acciones, manejándolos como a títeres, Martin avanza humilde y transparente y convierte a sus novelas en algo diferente, especial, creíble, digno de amplia admiración, de profunda admiración.

Guy de Maupassant: Confesiones de una mujer

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La capacidad de síntesis es prodigiosa en Maupassant, capaz de hablar de la infidelidad, los celos, el amor loco, la devoción criminal, la sumisión esclava, la violencia criminal en tan solo cinco páginas. Pero además el sentido del humor salvaje, indómito, la crítica despiadada a las costumbres cabe también en el relato y es lo que pone la pátina individual, la marca de autor, que en el horror arranca una sonrisa cómplice, comprensiva. Leído ahora, veinticinco años después de la primera vez, sigue pareciéndome un relato magistral y uno de esos que han influido mucho en mi labor creativa desde una callada segunda línea inspiradora.

Dorothy M. Johnson: Indian Country: La frontera en llamas

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Dos chicas blancas son raptadas por los indios y llevadas a su poblado, donde creen y una de ellas llega a ser la mujer de un joven que la ama y teme perderla. Dorothy M. Johnson nos muestra las diferencias de costumbres, sentimientos y trato con los semejantes de indios y blancos en la época del Lejano Oeste valiéndose de un estilo sencillo, diáfano y serio que me devuelve a la época en que leía con gran deleite novelillas del Oeste sin sentirme raro, involucionador, ya que se trata de una escritora de talento, sabia manejadora del tiempo narrativo y apasionada defensora del buen contar que en muy pocas páginas realiza una síntesis asombrosa y muy viva de lo que en tantas grandes películas hemos visto sin perder nunca la valía literaria e histórica, sin ceder a la tentación de la imagen fácil y el párrafo contentador. Transcurren algunos años, las niñas viven con los indios y una de ellas no detesta ser india. La otra aspira al rescate, pero no para ella, sino para su hermana peq…

Chato, el apache (Michael Winner)

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¿Puede un indio ganar en un Western? ¿Puede ser la víctima? Esta película merece una revisión por el cuestionamiento de ciertos valores impuestos, de ciertos tópicos dañinos que siempre nos han inculcado sobre el miedo al otro. Violencia, salvajismo, civilización, guerra civil, el grupo y el individuo solitario: muchas ideas interesantes dentro de una del Oeste que se disfruta como se disfrutan las mejores y que gana con el tiempo gracias a un doblaje excepcional (para quien así lo prefiera) y un ritmo sabio y un uso del zoom sobresaliente.Una de mis predilectas.

Norman Mailer: Noches de la antigüedad: Alma

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había abarcado la belleza de mi alma justo en el instante en que no podía hacer uso de ella. ¡Moriría ahora que lo sabía!


Ildefonso Falcones: La mano de Fátima: Ugíjar

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Emociona encontrar en un libro, más en una novela, el pueblo de uno, aquel en el que estuvo viviendo hasta los 15 años y del que, de alguna manera, no ha salido nunca. Es la patria chica, que decían antes, o sin más la verdadera patria del que suscribe, que se siente alpujarreño por los cuatro costados. Los primeros recuerdos, cuando la infancia ha sido buena, son los más importantes y decisivos de la vida, siempre y cuando no haya habido lamentables tragedias en ella. En mis sueños aún es aquel pueblo el escenario predilecto, se juntan pasado y presente sin extrañeza, caras que son remembranzas y caras que son espejo directo. Agradezco ser lector de novelas y haber empezado leyendo relatos de capa y espada, de aventuras, pues con este libro en las manos vuelvo a Ugíjar y me mezclo con los moriscos y los cristianos de la novela con facilidad, me confundo con ellos, soy uno más de los que luchan y escapan y sufren y ríen cuando amanece y, como narra Falcones, los hechos fragorosos …

Joe Abercrombie: La mejor venganza

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Leer a Abercrombie, leer esta novela de Abercrombie es como ver una película, pero Abercrombie tiene algo que no tiene casi nadie: la fuerza de convicción de una película, gracias a su prosa dúctil -en la que hay dureza, emoción y poesía-, a su gran habilidad para mover a los personajes dentro de los escenarios y a su humor, genuino y fácilmente contagioso. No estarás ante nada nuevo, pero estarás ante un espectáculo narrativo absorbente y legal, como la historia narrada por un amigo, por un colega de pandilla.

George R. R. Martin: Juego de tronos: Batalla y beso

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No solo de luchas y de crueldades habla esta novela, y en los pasajes dedicados a los sentimientos también Martin demuestra su talento, sobre todo usando habilísimamente el punto de vista, pues al final del libro se pregunta la madre de un hijo guerrero, que ha matado ya pese a su corta edad en una guerra a algunos hombres, si además de haberse entregado a lo duro de la batalla también se habrá entregado a lo dulce del amor, y se contesta que puesto que ha matado, también debe ya de haber besado. Solo son unas líneas, una meditación engarzada con los propios recuerdos de cuando ella fue besada por primera vez, hace ya muchos años, y en la concisión y en la unión de imágenes cuaja una belleza que convierten el pasaje en uno de los mejores de este primer tomo de Canción de hielo y fuego.

George R. R. Martin: Juego de tronos: El final de Drogo

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Es duro y me recuerda a otro también estremecedor: el de un personaje de la inolvidable novela De ratones y hombres, de John Steinbeck. Amor y momento final, compasión y finitud. Hay que querer a los personajes para llevarlos hasta ese extremo, para que transmitan con sus actos como lo hace Dany. Con escenas como esta, Martin demuestra su versatilidad, que es un autor muy por encima de casi todos los que se dedican a escribir novelas de aventura y fantasía, pues unir la dureza y la emoción en unas pocas líneas es solo tarea de privilegiados. 



George R. R. Martin: Juego de tronos: Bran y Rickon

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Excelente es también el capítulo con las premoniciones de Bran y Rickon y la aparición del cuervo, la pelea entre los perros que luego se buscan con cariño fraternal y la incredulidad del maestre Luwin. Todos los elementos son necesarios y van encajando a la perfección mientras avanzamos hacia un momento no por sabido menos emotivo, gracias a la sensibilidad y al gran ensamblaje de ideas de Martin, que demuestra su exquisito talento para los momentos menores, las escenas pequeñas que son al final las que dotan de vigor y coherencia y aroma de permanencia a una obra literaria. Martin ha bebido de los clásicos, de los grandes clásicos, y lo demuestra clara y briosamente.

George R. R. Martin: Juego de tronos: Arya y su padre

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La perspectiva cambiante de la novela y el acertadísimo punto de vista limitado de la narración permiten que haya capítulos excelentes en la novela, como aquel en que se juzga a un Eddard derrotado que pide perdón para no ser ejecutado. Vemos lo que ve su hija, Arya, y para llegar al punto culminante antes tenemos que haber pasado hambre con ella, haber vagado por las calles, haber tenido miedo ante todo lo que de peligroso y malvado puede acechar a una criatura que vaga sola por una ciudad inmisericorde. Cuando todo se rompe, ella está allí, en el centro del tumulto, y el dolor que siente llega de manera indirecta, obviando la descripción cruel, apartando la imagen decisiva, con lo que Martin da una lección de sabiduría narrativa y contención de verdadero maestro de la novela.

George R. R. Martin: Juego de tronos: Campanas

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Lo único que tenían en común todos los rumores era que el rey... había muerto. Las campanas de las siete torres... habían repicado todo un día y toda una noche; el retumbar de su dolor recorrió la ciudad como una marea de bronce. 

     (Juego de tronos)

Ildefonso Falcones: La mano de Fátima: El baile de la madre

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El muchacho quiere mucho a su madre y no puede estar apenas con ella porque es fruto de una violación y el padrastro no lo acepta, lo maltrata a menudo y no le tolera que esté en la casa delante de él. Cuando se produce la revuelta y los moriscos se hacen fuertes y se sienten libres, la madre baila y se agitan sus pechos demasiado, lo que en el muchacho produce un agudo sentimiento de vergüenza que ya no olvida cada vez que vuelve a estar con quien le dio la vida. En su mundo aún de niño ha entrado una imagen indigerible, inquietante y dañina, se ha roto la otra idealizada que cada hijo atesora de la madre buena. Falcones, que no tiene otros fuertes en su prosa y en su literatura, sí es capaz de crear imágenes poderosas, emblemáticas, cortantes -como cuando los moriscos destruyen una iglesia- y ríspidas que elevan el nivel de su obra. 
    (Cuadro de Gabriel Puig Roda: La expulsión de los moriscos)

Herminia Luque: Amar tanta belleza

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Ildefonso Falcones: La mano de Fátima: Sangre en la ropa

La madre, que fue violada por un sacerdote, mata a un cura ensañándose, clavándole el cuchillo una y otra vez sin parar incluso cuando el hombre ya está muerto. El hijo lo ve desde lejos, estremecido. El gran detalle que aporta Falcones -aunque ver cómo una madre mata no es nada usual- viene después, cuando narra que la mujer no se cambia de ropa y hace sus tareas con las vestimentas llenas de la sangre del asesinado, como si fuera algo natural que impregna los tejidos. Vuelve a crear otra imagen definitiva el escritor barcelonés, que es más que un autor de best sellers.

Ildefonso Falcones: La mano de Fátima: Solo es un niño

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Se sorprende el protagonista al ver la sonrisa de un niño después de un atroz sufrimiento, no comprende cómo puede sonreír. Y se dice que es solo un niño, que al fin y al cabo es solo un niño y sigue siéndolo pese a los momentos de dolor, de humillación, de pena. De esta manera, Falcones mueve al lector a la empatía con mucho acierto, poniendo a otro antes que al débil, a otro que va a mirar por nosotros -los lectores- y a no vertir con facilidad vergonzosa la lástima. Las guerras no son para los niños y en ellas los niños ríen porque aunque vayan a morir son niños. No cabe decir más.

George R. R. Martin: Juego de tronos: Eddard y Cersei

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El diálogo decisivo que acontece superada la primera mitad de Juego de tronos entre Ned y Cersei es una buena prueba de la calidad literaria de George R. R. Martin, pues para llegar a él ha de haber creado a personajes bien definidos y con mucha personalidad, de presencia fuerte y deslumbrante. No es sino un producto de otras lecturas, el resultado de influencias bien marcadas, pero Martin tiene a su favor algo  que pocos escritores consiguen: la oportunidad de escribir unas páginas digamos gloriosas dentro de su obra que resulten creíbles, justificadas, que cuenten con unos cimientos sólidos que hay que trabajar intensamente en muchas páginas anteriores y que él ha logrado alzar con soltura, con convencimiento, con hondura creativa. Por escenas como esta puede afirmarse que Martin es un autor celebrado con todo el merecimiento.

Cristina Fernández Cubas: El final de Barbro

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Hay muchas expectativas en este relato que no acaban de confirmarse según se avanza en su lectura ni cuando se llega al final de la historia de manera rápida, casi anhelante, como el cuento exige, pues emoción no le falta. Y quizá esto no es malo, porque los escritores que te llevan de la mano y te ofrecen un dulce como premio muchas veces simplemente mienten. Cristina Fernández Cubas opta por no resolver por el lado de lo inefable ni de lo terrorífico un relato que tiene mucho que ver con los cuentos de hadas pero que en ningún momento se pierde por los fáciles caminos de la posmodernidad literaria. Usa elementos conocidos con mucho humor la autora, hace guiños que sitúan mejor y que restan oscuridad y complejidad a una historia que necesitaba una imagen final potente y creíble, nada alucinatoria, que es más fiel a la intención y al fondo que de verdad hay en el desencuentro de esas hijas aturdidas con la nueva madrastra acaparadora y algo misteriosa.

Víctor Mora

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Gracias a él leímos los primeros tebeos y disfrutamos e imaginamos. Siempre será uno de los nuestros. Hoy ha muerto el creador, para siempre quedan sus creaciones. 




Cristina Fernández Cubas: Interno con figura

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Quizá todo lo que se puede hacer ante una sospecha es imaginar y combatirla con la imaginación, con las palabras, con la fuerza de las palabras y de la imaginación, hasta reducirla a algo lógico o hasta entrar en un espacio en el que no hay duda ya de que pasará algo. Este relato así lo plantea, así lo muestra, y con una idea muy sencilla, dos o tres escenas imborrables y una imaginación no del todo libresca Cristina Fernández Cubas redondea un relato de los que no tienen principio ni final y es absolutamente fascinante. Un relato que invita a tener la mente más despierta y la mirada más viva para ver donde existe y no se ve a menudo, ya que estamos inmersos en la distracción por culpa de lo cotidiano envolvente y cegador, aunque está claro que sí hay algo preocupante, una llamita de peligro, un indicio de lo que está por venir y no será agradable. Sin duda, en este tipo de relato en el que no hay despeño hacia lo fantástico sino insinuación, vislumbre, la autora es una grandísima…

Cristina Fernández Cubas: Hablar con viejas

Flojo, muy flojo relato que es apenas un esbozo de algo más serio, o de lo que podría haber sido algo más serio que superara a lo que no es sino una caricatura, un chiste malo que no se entiende muy bien qué hace dentro del libro de una autora tan reputada. La frase final de la vieja es una de esas explicaciones que nunca deberían darse cuando se trata de sugerir y no de mostrar con letra gruesa, como si el lector no estuviera capacitado para deducir por su cuenta.     Teniendo en cuenta que es un libro editado por una prestigiosa editorial, en la que hay muchos filtros (sobre todo para los autores que empiezan), me pregunto cómo no ha surgido una voz despierta que advirtiera a la autora de la metedura de pata, ya que ni como relato de humor funciona, pues el punto de vista cambia de manera radical y no hay más que dos imágenes fijas en el relato, dos instantáneas contrapuestas y sin posibilidad de casación alguna que rompen la posibilidad de conjunto y unidad artísticas y obedece…

Julio Cortázar: Las ménades

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Leyendo este relato me acuerdo de un libro que tuve hace muchos años en cuyo título había una pregunta infrecuente: ¿es Julio Cortázar un surrealista? Quizá sí, al menos a ratos, si pensamos en lo incomprensible de algunos cuentos, de algunos personajes; en lo caricaturesco que resulta el capítulo del tablón en Rayuela; en el enfoque elusivo y de clave cerrada que se da en ciertos momentos de algunos cuentos que no pueden ser entendidos a la primera, con lo que se muestra a simple vista. Acaso este cuento sea uno de los más surrealistas de Cortázar, de los menos conseguidos también, porque incluso la voz narradora no acaba de convencerme: detesto el tono frío y algo suficiente desde una modestia con humor demasiado soberbio también. Como con un determinado Valle-Inclán, reconozco mi incapacidad para creerme la verdad de las sombras y de los dibujos grotescos, algo que no me ocurre en cambio con el Martín-Santos de Tiempo de silencio, libro al que no le falta burla ni humor ni dist…

Cristina Fernández Cubas: La habitación de Nona

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No busca la autora la sorpresa que haga del relato algo redondo y brillante, pues esa es la parte más superficial de la historia, sino que nos planteemos qué es la identidad: la literatura seria y valiosa siempre va más allá de las apariencias y busca quedarse en la mente del lector superando el artificio de la letra impresa y de los giros inesperados, las soluciones poderosas y que podrían parecer vanas. Si ya el libro empieza con una frase inmortal de Albert Einstein -La realidad es simplemente una ilusión, aunque muy persistente-, lo que es un aviso de calado colosal para quien mantenga los ojos sabiamente abiertos, lo que viene a continuación, añadido por Cristina Fernández Cubas, no puede ser una añagaza sino un digno envite. A fe que lo es: la importancia de un relato -o novela, guión, lo que sea- a estas alturas no está tan solo en la validez literaria, la palabra justa o el tono conseguido, sino en ir más allá, como demandaban -en estas lides - Poe, Cortázar, Borges y otro…

Julio Cortázar: El río

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Relato que define muy bien el mundo de Cortázar, El río es muy breve pero tiene mucho contenido, es un juego y es a la vez una inmersión seria en el mundo del otro lado, ese del que tanto hablaba el gran escritor argentino y al que solo podía accederse mediante los sueños y las fracturas epifánicas de la realidad, que son pocas pero están ahí, llamando poderosamente para que despertemos y observemos con otros ojos lo real. Sin principio ni final, sin nada definitivo y sin verdades que rompan en nuestra cara, el relato es un suspiro, un gemido, una ablución que limpia y arranca costras que el tiempo ha convertido en sólidas murallas aparentemente indescifrables.