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Mostrando entradas de diciembre, 2016

Dorothy M: Johnson: Indian Country: El incrédulo

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¡Claro que aún quedan historias por contar! Historias que saben a nuevas, que acaso son nuevas. Es el caso de esta, en la que se narra cómo un blanco que vivió con los indios crows durante cinco años vuelve al poblado donde dejó a una mujer y a un hijo y a muchos amigos que lo respetaban y lo añoran. Como buen hombre blanco, no cree en la magia india, no cree en los espíritus, no cree en los mensajes de los pájaros. Ha regresado incrédulo y altivo, convencido de que solo lo aceptarán de nuevo si se muestra superior y poderoso. Pero lo aguarda la negrura de una enfermedad y una sorpresa que nunca hubiera imaginado. Johnson demuestra ser una escritora imprescindible con un relato tan perfecto como este.

George R. R. Martin: Choque de reyes: Voz interior

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Mejora mucho el interés de la novela que haya más pensamientos de los personajes en el texto, pues son un complemento perfecto a lo que está ocurriendo y centran aún más la perspectiva en el personaje que protagoniza el fragmento. Con Cressen es esencial, pues sin sus pensamiento no entenderíamos bien sus acciones ni tendríamos ante nuestros ojos la emoción que rige todo el capítulo hasta su desenlace duro, muy propio de Martin. Con estas meditaciones, muy bien dosificadas y muy reveladoras siempre, la novela gana en enjundia y en realismo, es más completa y más viva, pues a la narración en pretérito le sientan muy bien esos pensamientos sobre la marcha. Martin crece como narrador, su novela es mejor y más emotiva aún que la primera del ciclo. La última frase ("ojos rojos rojos rojos") de la primera secuencia es absolutamente genial.

George R. R. Martin: Choque de reyes: Dentro del personaje

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Sin duda, la capacidad de Martin para meterse en la piel de otro es de lo mejor de sus novelas. Con gran acierto y suma sencillez entra dentro de un personaje mayor, de un niño, de un rey y narra con su punto de vista sin falsear ni mostrarse soberbio: se pone en el lugar de otro casi como si de verdad fuera ese otro y no exhibe su poder para lucirse vanamente, ya que busca una sincera empatía que le llega al lector intacta de manera sutil y afectuosa, pues no está utilizando a los personajes, sino que se nota que quiere a sus personajes. Esto, que no es nada habitual pese a que existan tantos escritores en nuestro ancho mundo, lo acerca a la categoría más alta que en literatura puede hallarse y hace de él un maestro. Donde tantos fracasan llevando de la mano a sus personajes, imponiéndoles acciones, manejándolos como a títeres, Martin avanza humilde y transparente y convierte a sus novelas en algo diferente, especial, creíble, digno de amplia admiración, de profunda admiración.

Guy de Maupassant: Confesiones de una mujer

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La capacidad de síntesis es prodigiosa en Maupassant, capaz de hablar de la infidelidad, los celos, el amor loco, la devoción criminal, la sumisión esclava, la violencia criminal en tan solo cinco páginas. Pero además el sentido del humor salvaje, indómito, la crítica despiadada a las costumbres cabe también en el relato y es lo que pone la pátina individual, la marca de autor, que en el horror arranca una sonrisa cómplice, comprensiva. Leído ahora, veinticinco años después de la primera vez, sigue pareciéndome un relato magistral y uno de esos que han influido mucho en mi labor creativa desde una callada segunda línea inspiradora.