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Mostrando entradas de enero, 2017

Matilde Asensi: El origen perdido: Felicidad

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"Que el mundo tuviera sentido a través de la felicidad me sonaba a excusa barata para no afrontar la vida a pelo".

Matilde Asensi: El origen perdido: Hospital

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Me gusta ver en este libro que hay una escritora de raza en él, alguien que sabe ponerse en la piel de otro e insertar pensamientos y sensaciones en la narración del personaje que son de cosecha propia pero encajan a la perfección en la vida y aventuras de un personaje de ficción. Cuando vuelve al hospital en que está ingresado su hermano, nos cuenta Arnau que, a pesar de haber estado solo una vez antes en aquel lugar lo siente "como una prolongación de mí mismo, como un recinto familiar". Esta aguda introspección abre la mente del lector a experiencias parecidas y a recuerdos semejantes, define muy bien qué es tener a un familiar enfermo en un hospital, sitio que solo se visita por obligación pero que pasa a ser muy pronto algo que forma parte de uno, que es uno en tanto en cuanto en su interior hay alguien que es de uno. Como digo siempre, el mayor valor de la novela es la capacidad de generar empatía, de traernos ante el papel lo vivido por nosotros los lectores en u…

Julio Cortázar: Axolotl

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Si existen los cuentos perfectos, qué duda cabe de que este es uno de ellos. Misterio, indagación, ideas nuevas e imágenes imborrables, narración exacta y volcada hacia lo íntimo. ¿Somos todos peces en una pecera? Qué sabemos. No hay nada seguro. Quizá todo lo que vemos solo es producto de los sueños de los dioses, quizá solo seamos un reflejo pálido de algo que vive y está pleno en otro sitio mejor y tan solo se conecta a ratos a este mundo con tanta apariencia de mentira. Como en un juego, Cortázar busca la traslación y el intercambio, ensaya la transmutación y deja meditaciones en palabras narrativas que sacuden: ¿Somos esa consciencia apresada en dos ojos pequeños e inmutables? ¿Somos más o menos que los peces? ¿Tan hondo es todo lo que nunca llegaremos a saber? Por fortuna, aquí está la literatura para encender luces en pequeñas habitaciones atestadas de pistas, para abrir caminos que latirán en nuestra mente y nuestros sueños. Los relatos no cambian el mundo, pero sí cambian…

Guy de Maupassant: Un parricida

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De nuevo otro de esos relatos que están en la memoria de uno pero que han sido medio olvidados y que han trabajado detrás, en el rincón donde nacen las historias propias, del que surgen los escritos propios: en Almería 66 tengo yo un relato sobre un parricida que nada tiene que ver con este, en absoluto, pero que aborda el mismo tema, lo cual es harto significativo. Por supuesto, fantástico este de Maupassant, propio de una mente arrebatada, o de un carácter arrebatado, y con un talento para la síntesis magistral. Además, no se juzga, como debe ser, y el parricida queda en manos del lector para que se ponga en su lugar y luego dictamine, como ocurre en los mejores relatos, pues una cosa son los hechos y otra muy distinta la explicación de esos mismos hechos. ¿Quién no es humano? ¿Quién no sufre? El reo pide ser ajusticiado, no tomado por loco. Qué inteligencia la de Maupassant, qué grandísimo escritor inmortal.