Horacio Quiroga: Una estación de amor

 


   Quiroga no miente, y eso no es poco en un mundo de libros en los pocas veces se dicen verdades. No solo tiene este relato un final que sabe a cierto, sino que toda la historia sabe a cierta: y eso no quiere decir que deba ser forzosamente autobiográfica, sino que lo narrado no tiene trampas ni subterfugios. Duro, sí, cortante y hasta algo cruel, pero Quiroga no buscó hacer solo literatura ni halagar al lector, conquistar al lector por el lado fácil. Quizá por eso su obra sigue siendo algo vivo, muy vivo, clasificable pero no domesticable: fiel solo a sí mismo, el escritor siempre hallará quien le entienda y le comprenda, quien se vea reflejado o concernido. En este relato de amor y desamor hay una piedra dura en las miradas de los personajes, pero también una emoción profunda y muy real que se alza pura en su desesperación y su agonía, ajena a los males del tiempo. 

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