Stephen King: La chica de pan de jengibre

 


   Pocos autores utilizan tantas ideas en sus libros, o al menos pocos saben mostrarlas tan bien como Stephen King. Están llenos sus relatos de imágenes también muy poderosas en lo normal y en lo extraordinario: se diría que escribe con una idea asociada a una imagen, y a continuación otra idea asociada a otra imagen, y así sucesivamente. Sorprendentemente, acierta en muchísimos casos, y eso lo convierte en un autor destacable y muy valioso. Quedarse solo en ver el contenido de sus historias sería como juzgar a Juan Benet por la inspiración de sus argumentos. Hay más, mucho más. Hay que leer y después analizar.
   Cuando la mujer que huye de un asesino se adentra en una playa lo que no puede esperar, dice el narrador, es encontrarse con la belleza: qué imagen tan inesperada, tan plena y tan inteligentemente usada, amigos: la muerte en forma de hombre que quiere asesinarla está a su espalda, y ante ella aparecen el mar y la niebla y la belleza hecha paisaje único. No: Stephen King no es un autor fácilmente descartable, sino uno muy reivindicable al que leer con respeto y tranquilidad. Para algunos puede ser algo más -mucho mas- que un maestro del relato de terror.

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